housekideak

Un blog para hacerse a la idea de compartir en cohousing

Existen experiencias y son importables

Publicado por aelosegi en 19 noviembre, 2010

Existen experiencias: no se trata de improvisar nada
Cuando se empieza a hablar de vivienda con espacios compartidos en ciertos ambientes receptivos (en los otros no merece la pena), siempre aparece el excepticismo plasmado en expresiones como “vaya aventura!” “ no estamos para improvisaciones, a esta edad”…
Pero la verdad es que de aventura poco, y de improvisación, nada.
Porque improvisar, a lo mejor se puede llamar así a lo que hicieron aquellos daneses de hace cuatro décadas que decidieron probar a vivir de esa manera. Pero ¿nosotros improvisar? Después de más de 38 años de experiencias positivas, con miles de cohousings funcionando, cientos en proyecto, y una difusión cada vez mayor por el mundo, nuestro proyecto tiene mucha base en la que apoyarse.
Todo el mundo repite que el cohousing moderno surge en Dinamarca. Wikipedia da el nombre: ‘Sættedammen’ del primer habitat compartido (en danés bofællesskab). Se trataba de un hábitat compartido intergeneracional, es decir, dirigido a familias enteras, con niños, mayores y ancianos. El experimento tuvo éxito y pronto fue imitado en Dinamarca y los países nórdicos y más tarde en los Estados Unidos.
El siguiente paso en nuestra dirección lo dieron Tove Duvå y Lissy Lund Hansen, también danesas, que tras múltiples batallas consiguieron poner en marcha en 1987 el primer espacio compartido para personas mayores. A partir de entonces, ambos tipos de covivienda, el intergeneracional y el de mayores se han ido desarrollando por todo el norte de Europa y en los países anglosajones y Canadá especialmente.
Dinamarca sigue siendo el país con más desarrollo de este tipo de vivienda, con cerca de un 1% de la población habitando en coviviendas.
Eso en cuanto a la experiencia práctica: muchos miles de personas viven hoy en día en hábitats compartidos y la experiencia se va expandiendo. Pero, lo que es más interesante para nosotros no es lo bien que se lo hayan montado ellos, si no que hay muchos y muchas de los que han experimentado ese tipo de vida que han querido dar testimonio de su experiencia, de los pasos dasos, de las dificultades encontradas y de las mejoras que se podrían introducir.
Hoy en día hay muchos libros y cientos de artículos, videos de YouTube, etc. etc. que dan cuenta de lo que es la vida en un cohousing de mayores.
Parece pues, que no queda mucho espacio para la improvisación.
Pero es verdad que tanto la práctica como la teoría nos remiten al extranjero: por ejemplo hay muy poco para leer sobre el cohousing en castellano. A falta de conocer lenguas nórdicas, es imprescindible leer en inglés para tener acceso a toda esa experiencia acumulada.
Las experiencias son importables
Sin duda, ese simple hecho hace que todo lo referente a ese estilo de vida que supone el cohousing se pueda ver como algo bueno para esos extranjeros, pero no adecuado a nuestra sociedad .
Y este es es el segundo aspecto del excepticismo que inevitablemente suele saltar cuando ha quedado claro que de improvisación, nada.
Es que eso de vivir compartiendo espacios les puede ir a los nórdicos, que son tan disciplinados y tan igualitarios, pero es que a nosotros nos gusta la libertad, poder hacer siempre lo que nos da la gana…
Otra vez estamos admitiendo esos estereotipos que clasifican a la gente en nórdicos, anglosajones o latinos asignándoles de por vida ciertos rasgos temperamentales y sociales. Pero no son más que estereotipos, simplificaciones con peligrosas consecuencias, como la xenofobia y el autodesprecio.
Es mucho más serio y científico pensar que por encima de la moral protestante o la dieta mediterránea están las realidades sociales y demográficas que van convirtiendo a todas las sociedades del primer mundo globalizado en clones.
Si observamos las pirámides demográficas, la estructura familiar y social, el peso de la religión y las tradiciones, el nivel de riqueza, etc. etc. de la mayor parte de los países donde se va desarrollando el cohousing, vemos que son cada vez más semejantes. El tipo de familia, el número de hijos, el peso de las estructuras tradicionales que podíamos ver en los países del norte hace 40 años se parecen cada vez más a lo que tenemos, aunque con más crisis, aquí ahora.
Hace 40 años las familias nórdicas eran aproximadamente de las mismas dimensiones que las nuestras actuales. Si los mayores daneses decidían que era hora de agruparse para tomar en sus manos el futuro, era porque ya no podían contar con las familias más numerosas (como aquellas en las que ellos se habían criado) para atenderlos cuando fueran ancianos. Exactamente lo que nos pasa a nosotros. Hasta entonces mal que bien, había funcionado la asistencia por parte de los hijos. A partir de cierto momento eso era imposible, y aunque la administración ofreciera servicios mucho mejores que los nuestros, muchos mayores empezaron a construirse su propio nicho, perdiendo una pizca de independencia, tal vez, pero ganando mucha interdependencia y asegurándose un futuro acompañado por las personas que uno elegiría.
Las construcciones sociales se ajustan a las necesidades sociales. Si a los mayores nórdicos les llegó el momento entonces, a nosotros nos está llegando ahora.

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